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Hambre: Situación de subconsumo alimentario o desnutrición, habitualmente crónica. Sin embargo, en ocasiones se utiliza también englobando a una realidad más específica, como es la hambruna. No es sólo la escasez de alimentos, sino la incapacidad de acceder a una alimentación adecuada por causa de la pobreza, discriminación política o de género, o conflictos armados. El hambre conlleva la debilidad de la población frente a enfermedades, impidiendo el bienestar físico necesario para una vida plena y para el desarrollo de toda sociedad. El hambre endémica, que provoca la muerte de millones de personas todos los años, no recibe la atención internacional necesaria y urge una voluntad política decidida a su erradicación.

Hambruna: Proceso de crisis socioeconómica, relativamente prolongado, consistente en el progresivo empobrecimiento de los grupos más vulnerables y el deterioro de sus sistemas de sustento, con un incremento del hambre masiva. Conlleva también desplazamientos poblacionales, la propagación de epidemias, la desestructuración comunitaria y, en los casos graves, un aumento de la mortalidad. La gestación de la hambruna tiene lugar en un contexto de vulnerabilidad preexistente, de pobreza y hambre endémicas, cuando actúa determinado factor detonante (catástrofe natural, convulsión económica, conflicto armado, etc.). Para la acción humanitaria, es importante tener en cuenta que una hambruna puede venir activada por una falta de alimentos o de capacidad para acceder a los mismos, pero que probablemente devendrá en una crisis sanitaria. Actualmente hay medios suficientes para prever y prevenir las situaciones de hambruna, pero, no siempre, la voluntad política para utilizarlos.